¿Qué nos dicen el metano y el hielo marino?

Laura Farías, Universidad de Concepción. Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2. Instituto Milenio de Socio-Ecología Costera (SECOS).

Martín Jacques Coper, Universidad de Concepción (Depto. Geofísica) (CR)2, COPAS Coastal.

Los océanos y la criósfera son dos componentes importantes del sistema climático, cuya observación, estudio y evaluación son cruciales, no solo por su rol en la regulación del clima y el ciclo hidrológico, sino porque ciertamente son los componentes de la Tierra más afectados por el cambio climático y, por tanto, los más vulnerables.

De hecho, en el continente antártico ambos componentes tienen gran protagonismo: por un lado, un 99,68 % de la superfificie de la Antártica está cubierta de hielo; por otro, el océano Austral circundante, limitado por la corriente circumpolar, es uno de los motores principales del clima global.

Los océanos y la criósfera toman alto protagonismo en el continente antártico, que ya muestran claras alteraciones a tasas aceleradas, debido al cambio climático. En esta región operan también potentes mecanismos de retroalimentación del clima.

Por ejemplo, la superficie del hielo marino tiene muy alto albedo e incide en el valor medio de la temperatura de la Tierra. Entonces, a medida que el hielo disminuye, lo hace también el albedo, contribuyendo al calentamiento del planeta. Esto constituye un mecanismo de retroalimentación positivo (magnificación del fenómeno), muy bien estudiado en el océano Ártico y conocido como la “Amplificación Ártica”.

A su vez, el hielo marino representa una barrera física para el intercambio de gases y calor entre el océano y la atmósfera, un efecto que repercute en los ciclos biogeoquímicos.

Esto es de particular relevancia, dado que los ecosistemas polares albergan numerosas y diversas comunidades biológicas, siendo las más emblemáticas los pingüinos (en el caso de la Antártica) y osos polares (en el caso del Ártico), pero no menos importante los microbios y fitoplancton en la base de los hielos.

Un aspecto más desconocido es el intercambio de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano. Este último ha sido bastante estudiado en el océano Ártico, donde las emisiones provienen de los mares y suelos de permafrost; sin embargo, ha sido casi inexplorado en el océano Austral, particularmente en la península Antártica (PA).

El metano es un gas de efecto invernadero muy importante en la atmósfera de la Tierra, con un potencial de calentamiento 23 veces mayor al del dióxido de carbono. Por ello, si se libera más metano, se generan mecanismos que potencian el calentamiento de la atmósfera.

Entonces, cabe preguntarse si el derretimiento del hielo en las plataformas continentales que rodean a la PA impacta en la liberación de metano. La respuesta es que sí, aunque sabemos que no todas las plataformas de hielo se derriten a la misma tasa y que incluso algunas no se han derretido y que el comportamiento de la Antártica es altamente heterogéneo (Parkinson, 2019).

Notablemente, las evidencias científicas reportan que las plataformas de hielo de los mares de Bellingshausen y Amundsen, ubicadas al oriente de la PA, disminuyen a una tasa de 3,70±1,89 kmB año-A desde el año 1980 (Parkinson, 2019).

En la figura 1 se muestra cómo ha disminuido la superficie de hielo en la región norte de la PA (60°-66°S, 53°-85°W). Las observaciones han sido recopiladas por instrumentos a bordo de satélites, que permiten monitorear de forma remota una gran diversidad de variables atmosféricas, oceanográficas y terrestres.

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