Investigador de la UdeC participó en inédito hallazgo de alga que viajó 20 mil kilómetros hasta la Antártica

El investigador del Departamento de Oceanografía, de la Universidad de Concepción, UdeC, Dr. Erasmo Macaya Horta, descubrió la presencia de Cochayuyo en la Antártica, una especie foránea a esas tierras. El estudio, del que es coautor, logró determinar que dicha alga viajó 20 mil kilómetros, atravesando corrientes que hasta hoy parecían infranqueables. La información aparece en el medio de difusión oficial de la UdeC, la Revista Panorama.

Indica que el hallazgo fue producto de la casualidad. Macaya estaba esperando embarcarse hacia el sur y ayudó a unos colegas a tomar muestras en la Península de Fildes, Isla Rey Jorge, cuando encontró un trozo de alga Durvillaea antactica, conocida comúnmente como Cochayuyo. El hallazgo es inédito, porque esa alga no es propia de la Antártica y hasta hace poco, se pensaba que las corrientes y condiciones climáticas del lugar actuaban como barrera infranqueable para la entrada de organismos externos.

Desplazamiento en la superficie del océano

Eso encendió las alarmas del científico experto en macroalgas, quien se desempeña como investigador del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (Ideal). La investigación fue publicada en la revista Nature Climate Change y estableció, por medio de muestras de ADN, que esa alga se había desplazado aproximadamente 20.000 kilómetros para llegar a la orilla, representando el “evento de rafting (desplazamiento en la superficie del océano) biológico más largo hasta ahora documentado para un organismo ”, explicó Macaya.

Posteriormente, el investigador chileno Nelson Valdivia, también del Centro Ideal, encontró otros trozos de la misma especie en otro punto de la isla Rey Jorge. La investigación fue liderada por un equipo de la Australian National University.

Cambio climático

El descubrimiento da cuenta de que la Antártica no está tan aislada como se piensa. Los científicos consideraban hasta ahora que no estaban las condiciones para que un ser vivo de otras latitudes llegara hasta allí. El hallazgo de Cochayuyo puede ser sintomático del cambio en las condiciones del clima, que podrían propiciar la llegada de nuevas especies al continente, alterando su ecosistema. “Esto es una muestra de los escenarios futuros que encontrarán los organismos. En Antártica ya se refleja el aumento de la temperatura: se producen deshielos y por lo mismo, aumenta el sustrato disponible para que otros organismos puedan habitarla. En este caso, se demuestra que esos organismos pueden venir de otros lados”.

El Dr. Macaya reconoce que la situación puede ser preocupante. «Cuando vi el Cochayuyo varado, supe que era importante. Pese a que su nombre científico es “Durvillaea antarctica” esta especie no crece en la Antártica, pero sabemos que pueden flotar y convertirse en un medio de transporte para muchas otras plantas y animales a través de los océanos «, dijo. «Si esas balsas logran llegar tan lejos, pronto podríamos ver cambios masivos en los ecosistemas antárticos».

Otra implicancia de este estudio es que permite considerar nuevas variables a la hora de estudiar como viajan los organismos vivos, pero también plásticos y otros elementos que flotan en el océano. Hasta el momento, explicó Macaya, hay pocos rastros de plástico en la Antártica y son atribuibles a la acción de cruceros o de otras disrupciones humanas directas. La investigación, que modeló posibles rutas, “puede ser aplicada también para plásticos u otros elementos que están flotando y que pueden ser una amenaza para la Antártica en el futuro”.

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