Pequeña empresa apuesta a conseguir hidrolizado de desechos de la jibia

Crónica

Aportar al desarrollo de la Provincia de Arauco con ideas innovadoras, tecnificadas y que permitan mejores emprendimientos familiares es uno de los objetivos de Inversiones Tirúa. El rostro visible de este grupo es Francisca Rubio Díaz. Ingeniero comercial oriunda de Talcahuano sus raíces más profundas son la pesca artesanal, específicamente de sardina y anchoveta, actividad a la que se dedica su padre y una hermana, igual que ella.

La apuesta es más integral todavía: estos emprendedores van por la elaboración de hidrolizado estándar con los desechos de pequeñas plantas procesadoras de jibia para consumo humano; en primera instancia. Un elemento que se lleva ahora a vertedero sería aprovechado con altos rendimientos de producto final respecto de la materia prima, sin generar olores en el proceso, reduciendo la basura y concentrando la proteína y obteniendo valor agregado.

Inversiones Tirúa tiene una planta procesadora en la localidad araucana la que partió allá por 2009 cuando Francisca, con su padre, su hermana y un socio, postularon a fondos para instalar una procesadora de sardina para consumo humano. Confiaban en aprovechar que en esa zona se trabaja con la sardina que los pescadores extraen en el área de Isla Mocha, de tamaño interesante para el propósito que perseguían, pues es grande (de unos 10 centímetros) y que había un muelle y espigón que permitía atracar y descargar a botes y embarcaciones de 12 y 15 metros.

Con los altibajos inherentes a un emprendimiento pyme tenían infraestructura montada, 20 toneladas de reineta listas para la venta y otras 25 toneladas de congrio recién llegadas desde Puerto Montt cuando acaeció el terremoto y maremoto del 27 de febrero de 2010. Perdieron todo. Por saqueos y falta de energía eléctrica y el fondeadero ya no se podía utilizar porque el calado subió.

Levantarse y seguir
Había que seguir, dice Francisca. El Fondo para el proyecto estaba y la infraestructura en Tirúa prácticamente no tuvo daño. Los pescadores del área operaban sobre la reineta, más que con sardina y decidieron entonces procesar pesca blanca: congrio, merluza, corvina. Entre 2011 y 2014 tuvieron mucha actividad. Llegaron a dar empleo a 37 personas de Tirúa a las que no solamente capacitaron en la manipulación de la pesca para productos de consumo humano que vendían a supermercados y entregaban a distribuidores en Santiago, sino también nivelaron en estudios formales.

El negocio, por varias razones, básicamente la dificultad de una pyme para competir en un gran mercado comenzó a debilitar la caja, pero: “habíamos advertido la problemática de los desechos. Había un vertedero en Cañete y cerró. Otro en Lebu siguió el mismo camino… ya estábamos llegando a Curanilahue con las dificultades de usar contenedores, fletar camiones y más. Y pensamos que quizás nuestro fuerte iba por el aprovechamiento de los desechos…”.

En 2016 produjeron su último kilo de pescado congelado y en lo personal a Francisca le pesó el hecho de tener tres hijos, que viven en Concepción, y pasar tanto tiempo en Tirúa, a dos y media hora de distancia actualmente, bastante más por ese tiempo con camino antiguo y dañado por el 27/F. Debía y quería dedicarse más de cerca a la familia y en 2017 se quedó en Concepción yendo a la planta muy de tarde en tarde. Pero va en ruta a volver con más frecuencia.

El hidrolizado
La pequeña empresa obtuvo un Capital Semilla para hacer un prototipo de hidrolizado de jibia. Los socios aportan experiencia en la pesca, especialmente en el trato con remitentes; en el negocio y conocimientos especializados pues para elaborar este producto se requieren procesos bioquímicos complejos.

Actualmente postulan a otro fondo para el desarrollo comercial del prototipo y forman parte de una cooperativa en la que participa gente de Lebu, de Llico, de Tubul con el norte de desarrollar un equipo para saltarse intermediarios y que los márgenes de utilidades para pequeños y medianos sean mejores.

Inversiones Tirúa cuenta también con un cliente estratégico que transferirá el I+D comprometiendo la compra de todo lo que se produzca y ayudar en la venta a otros, de ser necesario.

Piensan en un prototipo que permita producir tres toneladas/día en un turno. Lógicamente se puede llegar a trabajar en tres turnos.

Algunos respaldos son que la jibia sólo puede destinarse a productos de consumo humano, que el sector artesanal tiene el 80% de la cuota, que el hidrolizado rinde 90%: en el proceso de elaborar filete de jibia se aprovecha el 60% del calamar gigante. El 40% que sobra actualmente se desecha, pero al someterlo a hidrólisis rinde 38% concentrando la proteína.

¿Para qué? para, según el plan, un producto estándar que podría usarse en fábricas de alimento para mascotas o elaboración de bebidas altamente proteicas como las que beben los deportistas.

 

 

 

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